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Qué reparaciones paga el propietario según la LAU

Loly González 6 de septiembre de 2026
Qué reparaciones paga el propietario según la LAU

El artículo 21 de la LAU aclara qué arreglos corresponden al casero en una vivienda de alquiler y cuáles asume el inquilino.

El artículo 21 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) es una de las referencias básicas para resolver una de las dudas más habituales en el alquiler: quién debe pagar las reparaciones de la vivienda. Aunque en la práctica siguen surgiendo conflictos, la norma establece un criterio general claro: el propietario debe encargarse de las obras y arreglos necesarios para conservar el inmueble en condiciones de habitabilidad.

Entender bien este punto es importante tanto para arrendadores como para inquilinos, porque evita malentendidos, discusiones y gastos que no siempre corresponden a quien los está asumiendo.

Qué dice la LAU sobre las reparaciones

La idea principal es sencilla: el propietario está obligado a realizar las reparaciones necesarias para conservar la vivienda y permitir que siga siendo apta para el uso pactado. Es decir, si aparece una avería o un deterioro que afecta a la habitabilidad normal del inmueble, en términos generales, su coste recae sobre el arrendador.

Esto incluye los arreglos que no pueden considerarse un simple desgaste derivado del uso ordinario por parte del inquilino. La clave está en diferenciar entre una reparación estructural o necesaria para mantener la vivienda en buen estado y los pequeños ajustes del día a día.

Qué suele pagar el propietario

Aunque cada caso concreto puede requerir revisión, el propietario suele hacerse cargo de los arreglos relacionados con:

  • Instalaciones básicas de la vivienda.
  • Averías que impiden un uso normal del inmueble.
  • Deterioros que no han sido provocados por un mal uso del inquilino.
  • Elementos cuya reparación resulta necesaria para mantener la vivienda habitable.

En otras palabras, si el problema afecta al funcionamiento esencial de la vivienda y no se debe a un uso negligente del arrendatario, lo habitual es que la responsabilidad sea del casero.

Qué corresponde al inquilino

La LAU también deja espacio para otra obligación habitual: las pequeñas reparaciones derivadas del desgaste por el uso ordinario suelen corresponder al inquilino. Aquí entran esos arreglos menores que aparecen con el paso del tiempo por la utilización normal de la vivienda.

El problema suele aparecer cuando no está claro si se trata de un desperfecto menor o de una avería que afecta a la conservación del inmueble. Por eso conviene analizar el origen del daño, su gravedad y si compromete la habitabilidad.

La importancia de comunicar la avería cuanto antes

Cuando surge un problema en una vivienda alquilada, el inquilino debe avisar al propietario lo antes posible. Esta comunicación es fundamental para que el arrendador pueda actuar y para dejar constancia de que la incidencia existe.

Además, documentar bien la avería ayuda a evitar conflictos posteriores. Un mensaje por escrito, fotografías o cualquier medio que permita acreditar el estado del inmueble puede ser útil si más adelante hay discrepancias sobre quién debía asumir el coste.

En este punto, contar con procesos ordenados de gestión del alquiler puede marcar la diferencia. Herramientas como Miappdelalquiler ayudan a centralizar documentación y a tener bien organizado el contrato y la relación arrendaticia, algo especialmente práctico cuando aparecen incidencias y hay que revisar obligaciones de cada parte.

Lo que conviene dejar claro en el contrato

Aunque la LAU marca el marco general, un contrato de alquiler bien redactado sigue siendo esencial. No puede contradecir la ley en perjuicio de quien esté protegido por ella, pero sí puede ayudar a concretar aspectos prácticos sobre el uso de la vivienda, la comunicación de incidencias o la forma de actuar ante determinadas reparaciones.

Por eso, antes de firmar, conviene revisar con detalle:

  • Cómo se notifican las averías.
  • Qué se considera mantenimiento ordinario.
  • Qué documentación se aportará en caso de incidencia.
  • Qué plazos de respuesta se manejan de forma habitual.

Disponer de contratos claros y firmados digitalmente, además de facilitar la gestión, reduce muchas discusiones futuras sobre responsabilidades.

Qué implica esto para propietarios e inquilinos

Para los propietarios, esta obligación supone entender que alquilar una vivienda no consiste solo en entregar las llaves y cobrar la renta. También implica mantener el inmueble en condiciones adecuadas cuando surgen problemas que afectan a su habitabilidad.

Para los inquilinos, la norma ofrece una protección relevante: no tienen por qué asumir reparaciones que legalmente corresponden al arrendador. Eso sí, también deben cuidar la vivienda, usarla de forma correcta y atender los pequeños desperfectos derivados del uso habitual.

En la práctica, muchas disputas se evitarían con tres pasos sencillos: un buen contrato, una comunicación ágil y pruebas documentales de cada incidencia. Cuando ambas partes conocen sus obligaciones desde el principio, la relación de alquiler suele ser mucho más estable y transparente.

En definitiva, el artículo 21 de la LAU refuerza una idea básica del arrendamiento urbano: la conservación de la vivienda es responsabilidad del propietario, mientras que el inquilino asume el mantenimiento menor ligado al uso ordinario. Tener clara esa diferencia es la mejor manera de prevenir conflictos.

*Fuente: El Cronista*

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